El Fanatismo.

06.01.2015 17:18
El fanatismo tal como lo definen en general los diccionarios, es la pasión  exacerbada e irracional hacia algo, sin que el fanático o el grupo de  fanáticos toleren su cuestionamiento o estudio del mismo. Así que no posee  relación con el poder, tal vez al contrario, se vincula estrechamente con  la  individualidad, por lo que expresaremos a continuación:
Existen varios tipos de fanatismo, y se producen debido a la afinidad con  una persona, religión, ideología, o un pasatiempo entre otros tópicos.
Ejemplos de fanatismo se han dado en el terreno religioso con la defensa  de  dogmas, o la defensa de libros sagrados o de dioses, en el aspecto  ideológico político, o defendiendo un punto de vista racional o irracional específico.
Para algunos, el fanatismo es considerado un principio lógico de la  ignorancia. En casos en los cuales el fanatismo rebasa la irracionalidad,  puede llegar a grados peligrosos, como matar a un ser humano o encarcelar  a  los mismos, puede incluir como síntomas el deseo incondicional de imponer  una creencia razonable, para el fanático o para un grupo de los mismos.
Naturaleza y causas:
La palabra "fanático" viene del sustantivo fanum o phanum, que significa  templo; en efecto, fanático originalmente quería decir "perteneciente al  templo" o "persona asidua al templo"; luego, llegó a significar "protector del templo". Después, adquirió el sentido de intemperancia desmedida en la  defensa de la religión. Así pues, la noción de fanatismo se relaciona en  un  principio con la religión, pero el término abarca en realidad un campo  semántico mayor.
De manera global, podemos definirlo, siguiendo a la profesora Adela  Cortina  como "aquel tipo de persona que inmuniza sus convicciones (...) frente a  la  crítica racional" (CORTINA, A. La ética de la sociedad civil. Madrid:  Anaya  1994, pg. 84).
Desde un punto de vista psicológico, lo propio del fanatismo es el ansia  de  seguridad total de quienes, en el fondo, se sienten existencialmente  inseguros. En este sentido lo interpretan algunos psicólogos. Por ejemplo,  para Adler, el fanatismo es una compensación de un sentimiento de  inferioridad que niega la razón al otro. Siguiendo esta línea  psicologicista, Freud, en El malestar de la cultura, afirma que el hombre  se  encuentra escindido entre dos tendencias contrarias: el ansia de felicidad  y  el ansia de seguridad. Nuestra conciencia de individuos es la causa de que nos sintamos solitarios, así como la corporalidad es la fuente de males  como  las enfermedades. Por eso, para buscar la felicidad puede imponerse la  exigencia de abolir ambas facetas.
La conciencia de la individualidad se suprime mediante la atenuación de la conciencia del yo, por una parte, y mediante la acentuación del  sentimiento  de pertenencia a lo otro. Para lo primero sirve el alcohol y otras drogas,   el éxtasis sexual, etc. Para lo segundo se procede a la adhesión  incondicional a sectas y facciones totalitarias políticas o religiosas, la  entrega a un líder o a un amante posesivo. La conciencia corporal se  disminuye mediante la reducción de las vivencias corporales y la  desvalorización del mundo en donde la vida corporal se desarrolla.
También Erich Fromm, a lo largo de su prolífica obra, estudió el fanatismo  e  intentó explicarlo aunando psicología y sociología. Su enfoque se resume  en  el conocido título de su libro "El miedo a la libertad", según el cual,  todo  fanatismo es un intento regresivo de escapar del surgimiento del individuo  y  la libertad, debido al miedo que ello causa. El miedo se da ante la  angustiosa sensación de separatidad y aislamiento (soledad) al crecer, que no se resuelve de una manera sana estableciendo vínculos afectivos  horizontales con los demás. Se trata, en suma, de la incapacidad de amar.
Desde el punto de vista epistemológico, el fanático, curiosamente, se  parece  a su contrario el relativista, en la medida en que para ambos no cabe el  debate o la búsqueda común de la verdad. El fanático cree poseer la verdad de manera tajante. Afirma tener todas las respuestas y, en consecuencia,  no  necesita seguir buscando a través del cuestionamiento de las propias ideas que representa la crítica del otro.
El fanático, pues, se caracteriza por su espíritu maniqueo y por ser un  gran  enemigo de la libertad. Los lugares donde impera el fanatismo son terrenos donde es difícil que prospere el conocimiento y donde se parece detenerse  el  curso fluyente de la vida. Un mundo, en definitiva, contrario a la mudable  naturaleza humana que en ocasiones se diría anhela la muerte. De hecho,  para  Albert Camus en El hombre rebelde, es una suerte de nihilismo destructivo  más.
El precio a pagar por la cristalización del pensamiento engendrada por el  fanatismo resulta caro. El alejamiento de la verdad es una de ellas,  porque  para profundizar en el conocimiento debemos estar abiertos al  descubrimiento  de la parte de verdad presente en los demás, desde una humildad  intelectual  de corte socrático, con una actitud dogmática resulta difícil llegar muy  lejos intelectualmente.
Pero existe otra desventaja que tal vez resulte más contundente que la  epistemológica: que el fanatismo siempre ha conducido a guerras y a graves  desastres. Tras numerosas masacres, conflictos bélicos, limpiezas étnicas  e  injusticias se halla la intolerancia de muchos fanáticos. Esto han  coincidido en señalarlo todos los defensores de la tolerancia. El  fanatismo  es el culpable de esos males, que podrían evitarse con la universalización  de un talante fraternal que aceptara las diferencias.
Características:
Dogmatismo: Fe en una serie de verdades que no se cuestionan ni razonan  y  cuya justificación lo es por su propia naturaleza o con relación a alguna  autoridad.
Carencia de espíritu crítico: No se admite la libre discusión acerca de  las propias verdades, ni su crítica racional.
Maniqueísmo: No se admiten los detalles. Las diferencias son  consideradas  de manera radical. Además, la diversidad humana suele encerrarse en dos  categorías (buenos y malos, p. ej.)
Autoritarismo: Afán de imponer la creencia y de forzar que todo el mundo se adscriba a la misma.
Odio a la diferencia: Desprecio y rechazo de lo que escapa a unos  determinados moldes y etiquetas.
Se trata, en suma, de la incapacidad para admitir el mundo en su  diversidad  y para aprender de los OTROS. Una sociedad fanática se encuentra anclada  en  un tiempo y en una forma fija de ver las cosas. Se opone al movimiento que conduce a la verdad y por tanto, no existe en ella apenas cambios. No hay  posibilidad para el ingenio humano, para el normal desarrollo de la vida,  para el re-descubrimiento continuo del mundo y el ser humano.
En una sociedad fanática no caben otros pueblos ni la diversidad de ningún tipo, siendo mortalmente excluyente. Por eso, en ella prospera la  xenofobia  y el racismo. No admite la diferencia en su seno ni enriquecerse con  nuevos  puntos de vista. Se encierra en sí misma y no avanza.
Otros usos:
También se habla de fanatismo al referirse a los fans de estilos  musicales,  o equipos deportivos, en los que también se dan en muchos casos  situaciones  de agresividad en la defensa de unos "colores" o de una "nación".


Enviado por Christine Rousset a humanidad global.

Extraído de https://masones.blogia.com